Entrevista a Jorge Bach

"El PPI es una Fantasía": Un Profesor Jubilado Denuncia la Falta de Aprendizaje y el "Aprobado Fácil" en las Aulas  

  


Jorge Bach, nacido en Buenos Aires, es profesor de Castellano, Literatura y Latín. Licenciado en Enseñanza de la Lengua y la Comunicación, y Magíster en Comunicación, Cultura y Educación por la Universidad Autónoma de Barcelona, a sus 60 años se encuentra en proceso de iniciar su trámite jubilatorio tras 35 años de experiencia docente. Desde su perspectiva, el Proyecto Pedagógico Individual (PPI) presenta un problema en su filosofía: en lugar de buscar que el estudiante aprenda y adquiera herramientas de estudio, parece enfocarse únicamente en la aprobación del alumno. Para el docente, esta situación es preocupante, ya que considera que el estudiante no está recibiendo una formación ni un aprendizaje significativo.

¿En qué colegios ejerció la docencia?

Los colegios donde ejercí fueron colegios estatales de provincia y colegios privados de Capital. En provincia prácticamente trabajé hasta hace siete meses atrás. En un principio, hasta el año noventa y siete, noventa y ocho, comenzaron a implementarse planes de cambios, planes de estudio, materias y demás. Ahí se produjo una separación entre Capital y provincia. Provincia, sobre todo, porque la escuela secundaria, la escuela en general, se transformó en un ámbito donde la gente podía conseguir una salida nocturna. Entonces vos tenías una persona que había hecho un curso de moldería y confección y podía tomar clases como profesora de arte plástica.

¿Qué piensas acerca de este tipo de plan, el Proyecto Pedagógico Individual (PPI), recientemente implementado por el Ministerio de Educación?

Nosotros hacíamos como una especie de adecuación de contenidos en el sentido de que sabíamos hasta dónde podía llegar cada alumno. Lo que hacíamos era observar, dar un nivel de calidad y, conforme a ese nivel de calidad educativa o de contenidos, uno iba viendo hasta dónde podía llegar cada uno. Y en función de eso adecuaba mi nivel de exigencia y el nivel de evaluación.

Ahora, este tema de los PPI tiene un inconveniente, y el inconveniente es que pareciera que, porque un alumno tiene problemas para memorizar, dislexia, discalculia y demás, el docente está obligado a aprobarlo.

Es decir, tengo que elaborar un plan, tengo que llevar al chico hacia una meta, y la meta es que yo, finalmente, a través de esta estrategia, encuentre la manera de que apruebe. En el fondo, la bajada que surge de los gabinetes psicopedagógicos —y que viene provocada o llevada de la mano de inspectores— es que los alumnos tienen que ser aprobados. Y entonces ahí nos vamos a encontrar con un inconveniente, porque ese chico está viviendo una fantasía. Ese chico no está preparado para salir adelante en un desafío de índole académica o intelectual, no está desarrollando hábitos de estudio. Eso es justamente una de las cosas que yo hablaba con una terapista ocupacional: el error de estos PPI está en pensar el PPI desde lo conceptual. ¿Pero cómo ayudamos? Nosotros sabemos que esos chicos no van a poder llegar a la facultad, no van a poder seguir una carrera universitaria, pero tenemos que prepararlos por lo menos para que tengan un oficio, para que puedan enfrentar una vida familiar.

Ahora, si yo les allano el camino para que aprueben, para que no tengan dificultades y no sepan cómo sortearlas, no estoy desarrollando hábitos. Incluso, muchas veces, estos chicos que tienen inconvenientes de aprendizaje son chicos que, en algunos casos, carecen de motivación, duermen en el aula. Después lo van a desarrollar con su maestra —la maestra tal vez que los acompaña en la calle— y lo van a hacer y lo van a aprobar.

¿Alguna vez armaron algún plan que tuviera que ver con el PPI (Proyecto Pedagógico Individual) o dieron esta bajada delineada en algún caso?

Sí, armé un plan de trabajo, un plan con características del PPI. Nosotros lo que hacíamos era la adecuación de evaluaciones, esta adecuación de contenidos, evaluar de una manera distinta. Yo seguía el programa tal como lo había presentado. Los alumnos no seguían el programa con el resto de los compañeros; el destino hacía un plan diferenciado, pero sí hacía evaluaciones diferenciadas.

Trataba de dialogar con los alumnos, ir siguiéndolos en clase tras clase, charlar con ellos, disimuladamente ver cómo entendían, por ejemplo, el análisis de un texto, qué dificultades tenían. Por ejemplo, en tercer año, cuando se complica el análisis intratextual. Yo tenía que enseñarles contenidos complicados como proposiciones incluidas sustantivas, objetivas sustantivas, y la mayor dificultad era que, por ahí, ya chequeaban la dependencia sujeto-predicado y hasta ahí. Entonces, por ejemplo, una idea era que podían —como la proposición incluida es una idea que está dentro de otra, es una visión dentro de otra— por lo menos llegar a identificar esa idea dentro de la oración principal. Y por ahí intentaran armar un texto, o yo les daba distintas oraciones e intentaban incorporar esas proposiciones incluidas dentro de la oración que correspondía.

¿Tuvieron inconvenientes con las autoridades directivas de algún instituto para seguir este plan PPI?

No, los directivos fueron respetuosos. Creo que ellos entendían lo que yo les decía. Tal vez tuve inconvenientes con la psicopedagoga.

¿Cuáles fueron los inconvenientes que tuvieron con la psicopedagoga?

El inconveniente era que te decían que los aprobaras, o que les dieras las evaluaciones antes para que después hicieran el curso. En el fondo, lo que estoy haciendo es decir: bueno, hacé la evaluación en tu casa, después la repetimos en el curso, donde tomo lo mismo, en la serie. Y eso no tiene sentido. ¿Por qué? Porque yo, por ejemplo, con algunos alumnos que tenían inconvenientes, cuando hacían la evaluación los sentaba cerca mío para que me hicieran preguntas. Yo lo que quería era que, por lo menos, pensaran, que pudieran resolver en el momento, que se les presentara un desafío.

Entonces creo que en ese sentido es peligroso y es una falta de respeto a la persona, porque estoy pensando que esa persona desde ya está limitada, porque estoy pensando que no tiene ninguna posibilidad de aprobar si yo no le doy las cosas hechas. No va a poder hacerlo. Entonces, le estoy faltando.

¿Hay alguna bajada más concreta ante estos casos, o solamente el PPI está como bajada y solución?

Yo, por lo menos, con estas realidades son con las que me encontré, con las que trabajé. Yo creo que tendrían que reformular la modalidad, la forma de trabajar esto, porque para mí lo que están haciendo no es una solución. Incluso generan conflictos en el colegio, porque muchos padres consideran —y algunos te dirían que hasta aprovechan el hecho de que el hijo tiene un perfil— para pedir que no los desaprueben. Muchos terminan con los motivos, pero "mi hijo se lleva las materias a febrero y yo me voy en febrero, no voy a vacaciones".

Entonces, ¿qué es lo que nos molesta a nosotros como padres? ¿Nos molesta que realmente mi hijo no pueda aprender, que tenga que sortear un inconveniente grave? ¿O me molesta que desordena mi vida? No quiero caer bajo sospechas, pero todas estas cosas se dan en una escuela. Tendría que hacerse una distancia más realista. Ser más realistas.

Y creo que una de las mejores cosas que podrían hacer es poner a trabajar a docentes en el ministerio. No terapistas ocupacionales. Yo no creo que un licenciado en Ciencias de la Educación que nunca pisó un aula esté en condiciones de saber cómo se tiene que manejar una escuela. O una psicopedagoga, que puede acompañar, pero que jamás trabajó en un aula, pueda decir cómo hay que trabajar en el aula.

¿Cuál crees que es la falla central de todo este problema?

La falla central está en la filosofía. El problema es filosófico. Nosotros tenemos que educar y hacer las cosas bien, para hacerlas lo mejor posible, y después trabajaremos en lo que sea necesario. Y en función de hacer las cosas lo mejor posible va a haber una solución. Pero esto acá es al revés: no hay filosofía. La idea es aprobar, la idea es sacarnos un problema económico, y la idea es agredir al docente, porque se habla mucho de que el docente no sabe.

No es que el docente no sabe. El docente tiene por año cuatrocientos cincuenta alumnos, en los mejores de los casos. Cuatrocientos cincuenta. Y tenés que hacer el PPI además de todos los programas, el PPI para veinte es una locura. Entonces, no solamente tenés que hacer diez, doce, catorce programas, sino agregarle veinte programas más, veinte formas de trabajar más. El error es pensar que no hay docentes. En un campo, con dos manos, no hay "pulpos" y los "pulpos" no dan clases.

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